alternativas al césped

Alternativas al césped (1)

Desde hace tiempo venimos pensando en hacer alguna entrada en nuestro blog dedicada a alternativas al césped, ese elemento que tan esencial e imprescindible parece para cualquier jardín.

Si preguntamos a cualquier persona sobre cómo se imagina su jardín ideal, muy probablemente responderá algo así como:  ‘me encantaría tener una pradera verde en la que poder tumbarme a descansar o donde jugar con el perro o con los niños. Una zona con flores y aromáticas y una piscina para refrescarme en verano’.

Y esta imagen pensamos que es algo de siempre, que ese es el jardín ideal que nos ha llegado de generación en generación.

Me quedé sorprendida cuando leyendo un libro de Nicolás Rubió i Tudiri, ‘El jardín meridional’ (1934) (aunque mi edición es bastante posterior) leí que este importante arquitecto paisajista, discípulo de J.C. Nicolas Forestier (proyectista de jardines  entre otros del Parque Maria Luisa de Sevilla), y responsable por aquel entonces de parques y jardines de Barcelona, comentaba: ‘aunque ello no cuadre perfectamente al jardín español, constituye a veces una solución necesaria en los jardines modernos el establecimiento de prados de corta extensión, (…) el más “internacional” de todos ellos, parece ser el “césped”, gazon o Ray gras. Estos prados de un verde agradable, igual y correcto, son considerados por muchos impropios de nuestros climas. Los prados se secan en verano, es verdad (…) lo único que puede decirse sobre los céspedes es que cuestan muy caros; objeción seria, sin duda, pero de carácter económico y no técnico ni artístico’.

Entonces, ¿es algo ‘moderno’?. Como elemento en el diseño de jardines así parece por sus palabras.

En otro libro descubrí que efectivamente, aunque el césped o mejor dicho los prados verdes (sin entrar en tecnicismos no exactamente iguales al césped), se han utilizado desde antiguo como elemento en el diseño de jardines (veanse ciertos grabados medievales de centroeuropa, el tapis vert de Versalles o del jardín clásico francés de Le Notre, los paisajes pintorescos y victorianos ingleses, etc), en los países mediterráneos y, en concreto en España, sólo se volvieron populares de la mano de la industria que los hace posibles en nuestro clima: el desarrollo de los sistemas de riego, de la maquinaria para la siega y de los fertilizantes y herbicidas. Esto es, a partir de los años 70-80 en España.

Así, en otro libro podemos leer: ‘La casa sería amplia, moderna, y las ventanas de la planta baja se abrirían a nivel del jardín a modo de puertas. Veríamos entonces un extenso césped, fino y recortado (…) siguiendo paso a paso a los ingleses, siempre a la cabeza por el arte, la afición y los conocimientos que aporta este país a la jardinería’ (Marquesa de Casa Valdés (1987)).

De esta manera, el césped ha entrado en nuestras vidas casi sin darnos cuenta y lo hemos aceptado como imprescindible en cualquier jardín. Sin embargo existen muchos ejemplos de diseño de jardines donde el césped sólo ocupa -si lo ocupa- un pequeño lugar.

El primer ejemplo que traigo a este blog es el de una de las pioneras del jardín seco en Europa, curiosamente una británica: Beth Chatto. Al que le interese profundizar en su famoso jardín de grava qué mejor que su libro “Gravel garden” London: 2000.


Beth Chatto se encontró con la necesidad de trabajar con la naturaleza y en concreto con un suelo, el de su finca, fundamentalmente de grava y arena y un clima menos lluvioso que en otras zonas de Inglaterra. Por este motivo buscó plantas que se ajustaran a estas condiciones, plantas tolerantes a la sequía. La idea le llegó en un viaje a Nueva Zelanda junto a un arroyo de redondeadas gravas. Su tenaz búsqueda de plantas adaptadas a las condiciones de su finca hizo que se lanzara a experimentar con diferentes especies tolerantes a la sequía. De esta manera trabajó durante más de cuarenta años con especies resistentes a la escasez de agua en sus diseños de parques y jardines.

En 1991 tuvo que decidir qué hacer en una zona de su finca anteriormente ocupada por una pradera de césped y utilizada como aparcamiento de visitas que ya no necesitaba. Teniendo en cuenta el clima, de lluvias más escasas que en otros lugares de Inglaterra y preocupada por un cambio climático que previsiblemente la haría aún más escasa, y un suelo de grava pobre en materia orgánica, decidió transformar esta zona en un jardín de grava.

La selección de plantas y su distribución buscaba crear un tapiz de colores y texturas cuyos efectos durasen el mayor tiempo posible a lo largo del año, buscando efectos tanto en su distribución horizontal como vertical y, por tanto, eligiendo plantas en función de su altura y sus efectos cromáticos estacionales.

A la hora de plantear el esquema de plantación, como hace en todos sus diseños, decide cuáles van a ser las plantas dominantes al rededor de las cuales creará el resto del diseño. Ella misma admite que en la intención de este jardín, en lugar de utilizar pocas y elegidas especies como suele hacer en sus proyectos, optó por arcercarse al coleccionismo empleando un gran número de especies.

Este es un ejemplo muy interesante cuando queramos acercarnos al uso de plantas tolerantes a la sequía, aunque debemos tomar con precaución las especies recogidas en el libro y que la autora utilizó en su jardín, si queremos utilizarlas en el nuestro. Lo que en Inglaterra se considera poca lluvia ¡puede ser mucha para  nosotros!. En cualquier caso, muchas de las especies que ella utiliza son perfectamente utilizables en los nuestros y puede servirnos de inspiración a la hora de decidirnos a plantear un jardín mejor adaptado a nuestras condiciones de suelo y clima.

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