Biodiversidad en la ciudad

Las últimas tendencias en el paisajismo urbano traen la naturaleza a la ciudad. La verdad es que más de una vez ha sido así. Las praderas de la campiña inglesa se introdujeron en nuestra mirada como un paisaje deseado para nuestros jardines urbanos y privados, cuando inicialmente partieron de una necesidad de volver a la naturaleza. Las praderas domesticadas de césped, en grandes extensiones que se fundían en el paisaje de suaves colinas inglesas de escenas pastoriles, surgieron como rebelión británica contra el orden clásico francés. Las explotaciones agropecuarias de las casas de la nobleza de los siglos XVIII y XIX se transformaron en importantes habitats para la vida silvestre. La campiña inglesa se convirtió además en uno de los grandes activos para la atracción de turistas de todo el mundo y clave de la identidad nacional.

Pero esta no era, sin lugar a dudas nuestra naturaleza más cercana, y sin embargo, la abrazamos como nuestra.  Con facilidad y rapidez se introdujo en nuestro imaginario a través de numerosos parques y jardines de nuestro país. Evidentemente tuvimos que emplearnos a fondo en el desarrollo de otros elementos necesarios para que pudieran prosperar en nuestro clima. Así nació la industria relacionada con los fertilizantes, maquinaria de siegas y sobre todo los sistemas de riego, indispensable en nuestro clima. Así que contentos adoptamos esa imagen de nuestros vecinos como si fuera lo más nuestro.

Hoy parece que nos encontramos en un cambio de época similar en lo que relativo a uno de los elementos más identitarios de los espacios verdes: las superficies de praderas. La adaptación al cambio climático y la pérdida de biodiversidad a nivel mundial, biodiversidad tan necesaria para nuestro bienestar -aunque tan poco conocida-, está siendo el motor para nuevos paradigmas en el diseño del espacio urbano y, en concreto, para la gestión de las zonas verdes en este sentido. Los nuevos cambios vienen igualmente del Norte y los países del Sur de Europa nos volvemos a fijar en ellos. Pero esta vez puede que tengamos ciertas ventajas….

Parece que estamos empezando a entender que es preferible trabajar con la naturaleza y no contra ella. ¿Y qué significa esto en paisajismo? en realidad si observaramos más nuestros paisajes podríamos extraer sus señas de identidad, su esencia -al igual que hizo el genial Capability Brown con el paisaje inglés- para luego saberlo plasmar en nuestros espacios públicos y así manejarlos de una manera más equilibrada. En realidad como hicieron y hacen muchos paisajistas con el jardin mediterráneo. Y no es que no se esté haciendo ya esto, pero todavía tenemos que darle una vuelta de tuerca a esta cuestión.

Parque Cervantes, Barcelona

Parque Cervantes, Barcelona. Fuente: Puy Alonso

Si observamos nuestro paisaje podremos ver cómo el clima, los cambios de temperatura y el régimen de lluvias determinan por ejemplo que -sobre todo en el Sur de Europa, en el entorno mediterráneo- cambien de color, de textura, incluso de aroma. Es la dinámica de la naturaleza, en el tiempo de un año y a lo largo del tiempo.

Nuestros vecinos ingleses introducen especies foráneas porque su diversidad es limitada, y han desarrollado fantásticas variedades ornamentales que permiten, junto con su clima de suaves temperaturas y constantes lluvias, floraciones prolongadas. Francia, siempre adelantada, trabaja con sus regímenes de siega permitiendo un cierto aire silvestre en las ciudades que los vecinos agradecen.

En España, con una de las floras más ricas de Europa, buscamos nuestra identidad en nuestro paisaje de primaveras floridas y dorados veranos, nuestros campos tras la siega en verano que contrastan con el verde de las encinas. Las matas de arbustivas y tapizantes de flores que atraen a un sin fin de polinizadores y mariposas que nos alegran con su revoloteo.

En esto estamos nosotros, no sólo en lo que respecta al diseño y selección de las mejores mezclas de herbáceas de flor para agradar a nuestros sentidos, sino en la aplicación de estas mezclas para crear habitats para uno de los grupos de fauna menos conocidos y más necesarios en la gestión de nuestros parques: los invertebrados. Y de entre ellos los insectos polinizadores y fauna auxiliar como mariquitas y crisopas, que nos ayudan en el control de plagas asociadas a la jardinería. Trabajar con la naturaleza es esto: ayudar a crear espacios en los que las interacciones naturales entre la flora y la fauna contribuyan a una gestión más eficaz de nuestros jardines y esto, no hay que dudarlo, ya está inventado, nuestra aportación es permitir que ocurra a través de un diseño cuidadoso para que también sea atractivo para las personas.

Pradera natural, paisaje extremeño

Pradera natural, paisaje extremeño. Fuente: Puy Alonso

En las próximas entradas os mostraremos algunos ejemplos de aplicación.

Pradera diseñada

Pradera diseñada. Fuente: Puy Alonso

 

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