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Huertos a medida (1)

Esta entrada abre una nueva línea de contenidos que esperamos sea de interés: los huertos a medida. Y esto ¿por qué?

Pues porque hace justo 15 días en Irati Proyectos comenzamos una nueva aventura a través de unas pequeñas charlas-talleres sobre huerto ecológico, plantas mediterráneas y ahorro en el consumo de agua, en las que buscamos de transmitir nuestra experiencia y entusiasmo por el jardín en todas sus formas.

El más concurrido fue sin duda el del huerto ecológico, huertos a medida o jardín comestible como nos gusta llamarlos a nosotras, porque estamos convencidas de que el huerto puede integrarse en el jardín de forma que sea tan agradable y bonito que apetezca sentarse junto a él a admirarlo… o a merendarlo!

Taller de huertos urbanos

Taller de huertos urbanos

Nos dimos cuenta de que había bastante confusión en torno al tema de suelos, tierras, abonados, compost, etc, etc, y esto es la base de cualquier huerto o jardín por lo que hemos decidido dedicar esta primera entrada a arrojar algo de luz sobre estos temas.

Antes de nada hay que saber que el suelo, es como la madre, sólo hay uno. Y esto no quiere decir que todos los suelos sean iguales, lo mismo que las madres. Lo que quiere decir es que el suelo es un material muy complejo que ha tardado su tiempo en formarse y estructurarse para servir de soporte a la vida. En general, cuando hablamos de tierra natural, estamos hablando de una parte del suelo que había en nuestro terreno que sacamos para nuestras macetas o que trabajamos para poner nuestro jardín.

Como todas las cosas naturales, el suelo rara vez es perfecto y, con frecuencia, para lograr los mejores resultados necesitaremos mejorarlo aportando otros materiales, sustratos, abonos y demás productos manufacturados que podemos encontrar en los centros de jardinería.

¿Entonces siempre necesito tierra natural para plantar mis plantas?

No necesariamente. En el mundo de la jardinería las empresas son conscientes de que no todas las viviendas tienen a sus disposición terreno para el jardín, pero no por ello las personas van a renunciar a la dicha de tener plantas en su vida. Aquí es donde entran con fuerza los sustratos. Son nada más y nada menos que soportes de cultivo fabricados a partir de la mezcla de distintos materiales simples en cantidades y proporciones estudiadas para cada caso.

Y como la idea es dar solución a distintos problemas, se ofertan tantos productos diferentes como tipos de usos imaginables. Lo cierto, es que para las plantas hortícolas un buen sustrato universal, que esté equilibrado y al cual mimemos periódicamente con aportes de materia orgánica, cumplirá sobradamente en la mayoría de los casos.

¿Y qué podemos considerar “aportes de materia orgánica”?

Hay tres palabras que vienen a nuestra mente cuando se habla de aportar materia orgánica: abono, compost y mantillo.

La primera es un término general, abono es cualquier nutriente que se aporta al suelo, ya sea directamente mineral, como los fertilizantes sintéticos, que por lo general tienen un efecto flash sobre las carencias de las plantas pero que no “alimentan” el suelo a largo plazo; o en forma de materia orgánica como podrían ser estiércoles, guanos, o composts.

En pequeños jardines y huertos usar estiércol directamente es muy poco común. En primer lugar porque no disponemos de él y en segundo lugar porque no huele muy bien que digamos y tarda su tiempo en incorporarse al suelo. En cambio, es mucho más normal utilizar composts, ¿y qué es exactamente eso del compost?

Cuando dejamos la materia orgánica, como los restos vegetales de poda o de la cocina (y en algunos casos las deyecciones de animales) el suficiente tiempo almacenados, se da un proceso natural de descomposición y transformación por las bacterias del suelo. Este proceso se llama compostaje y termina cuando el material transformado es estable, es decir, ya no desprende calor por las reacciones y ya no huele a descomposición.

Entonces, ¿un compost puede estar hecho de estiércoles?

Sí. Un compost puede ser exclusivamente de origen vegetal (es generalmente el más común), exclusivamente de origen animal o mixto. Si no lo estamos fabricando nosotros en casa deberíamos poder revisar la composición en la etiqueta del producto.

¿Y el mantillo entonces que es?

Pues es como el canario que dice güagüa y en la península decimos autobús. En realidad es un término que se puede referir a cualquier tipo de materia orgánica de las que hemos mencionado. Normalmente se le reconoce por ser bastante oscuro, de textura fina y, según en que ocasiones, con olor o sin olor. Vamos, que lo mismo puede ser un compost terminado que uno que aún le faltaba un par de vueltas para acabar.

Bueno, y con esto claro, ¿cuándo y cada cuánto debemos abonar nuestro suelo?

Si uno piensa en el abono como el alimento del suelo es fácil imaginarse que tan malo es que pase hambre como que le demos atracones. Los fertilizantes sintéticos ya están procesados y van directamente a la planta pero cuando aportamos materia orgánica digamos que el suelo tiene que digerirla primero, y no tiene ninguna prisa. Por esta razón con un par de raciones al año debería ser más que suficiente. Una a la salida del invierno para que al llegar la primavera ya se hayan empezado a liberar los nutrientes y otra a principios del otoño para ayudar al suelo y a las plantas a prepararse para el invierno.

De este modo cuidamos la salud del suelo sin desequilibrarlo demasiado y seguramente que notaremos la diferencia en el sabor de la cosecha del huerto.

Andra Palaín Vargas

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